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DE PILARES Y VICTORINOS  EL TIEMPO QUE NOS HA TOCADO VIVIR:

 Ni los viejos recuerdan algo semejante. ¡Qué tiempo más bueno! ¡Qué temperatura más agradable durante todas las fiestas! Todos los días, cada uno de corrida, antes y después de ella:

 -         Esto no es normal

-         ¡Qué calor más sofocante!

-         Sólo faltará que cuando llueva, haga algún mal, algún estropicio.– comentaban los agoreros que siempre los hay.

 Zaragoza está muy cerca del campo, a pocos Km. hay pueblos que viven fundamentalmente de la agricultura. Esto impone un carácter rural acentuado a las charlas entre “zaragozanos”.  Los agricultores siempre están quejándose de las cosechas recogidas y asustados por no poder segar las pendientes. Son como los empresarios taurinos, están siempre quejándose, guardando las infinitas distancias en todo lo demás porque los labradores son gente noble y honrada como marcan nuestras comedias del  Siglo de Oro y, por al contrario, y con mucho pesar en el alma, los empresarios taurinos son villanos con  poca honra, de baja estofa, de mala sangre... así se dice y cuando el río suena, agua lleva. El trato que se desprende como el más  adecuado, el que recogen las bibliotecas taurómacas y por tanto el que debemos emplear es: el de Don, para los de la patronal taurina; y  el de Sr. para los ganaderos con honor, como aquel Sr. Duque de Veragua,  para los buenos aficionados y para el Sr. Frascuelo, Salvador de la Dignidad. Porque señorear es sujetar las pasiones a la razón y llevar las acciones con gravedad y mesura en el porte; mientras que don es tan sólo un tratamiento de respeto que se antepone a los nombres masculinos de pila. ¿Queda claro el tratamiento más normal?

 Por todos los consumidores es sabido que quienes encarecen los productos agrícolas son las grandes superficies, llámense: distribuidores, cadenas alimenticias, macros... Y en nuestro caso y de una forma muy similar en lo tocante a  cuernos que es lo que llevamos entre manos, son los monopolios autorizados en forma de concesión de plaza quienes nos encarecen los carteles. Si el Ciclón de Jerez vale un cabreo, los empresarios taurinos se las apañan para que el precio de la entrada sea de tantas mil. Igual pasa con las novilladas y con otros toreros que no valen lo que nos cuestan. ¿Qué porcentaje del precio de la entrada se puede quedar un matador novillero? Seguro que uno  muy bajo, cuando no las tiene poner porque ya se sabe que pagar para torear, está a la orden del día. Una injusticia, sin ningún reparo, que cobre más el “distribuidor”  que el que suda la tierra, aunque fácilmente comprensible si conocemos  dos o tres lecciones económicas. Mayor injusticia, si cabe, que el Sr. Bote, buen torero, u otro de similar altura  gane menos que  el accionista  que arriesga su dinero en la empresa taurina, también esto es muy sencillo de entender  con las mismas dos o tres lecciones  económicas. Estoy seguro que el Juli está muy bien pagado para lo poco que hace  últimamente y otros que se esfuerzan más y torean mejor como por ejemplo Salvador Vega, están peor tratados. Creo que todo esto es muy injusto, aunque  se puede entender con dos o tres lecciones económicas. Hasta los “toros de Sangai”, el afeitado, la droga, las corridas desiguales, los toros chicos en las plazas monumentales... se pueden entender con dos lecciones o tres.  Pero, ¿En qué se ha convertido la fiesta?. Basta recordar que en otros siglos el entendido, el taurófilo, sólo debía entender de Tauromaquia Clásica y del Toro para poder resolver el problema que se le planteaba en cada lidia. En otras palabras, cada toro y por tanto cada lidia era un juicio distinto o ecuación y  la Tauromaquia Clásica nos proporcionaba el Digesto, el códice, para resolverlo. Esto fue así hasta la llegada del segundo Califa Rafael Guerra “Guerrita”. Este enorme torero introduce el fraude – palabra referida siempre al patrimonio, a la economía – de forma anecdótica si lo comparamos con el de nuestros días y abre así la puerta a la corrupción – vocablo referido a la conciencia, a la moral – de forma anecdótica si la comparamos con la de hoy. Desde el Guerra hasta hoy el aficionado debe saber lecciones de economía taurina. Los “grandes aficionados”  actuales no son los que valoran las faenas con mesura y sana conciencia, no son los que ven a casi todos los toros como claros y sencillos porque conocen bien la tauromaquia clásica y la lidia; los “grandes aficionados” son los que saben de chismes de corruptelas, de pliegos, de politiqueo barato, de “casas” empresariales, de periodistas fenicios y de drogas en los caballos. ¿Son estos los conocimientos  más adecuados para entender de toros? ¿Son estos los mejores conocimientos  para el futuro e integridad de nuestra querida y amada Fiesta Nacional? Creo que no.

 El aficionado ha optado por ver el Toro como lo ve el ganadero o cuando peor como los ve el torero, ha perdido su identidad; y ve las faenas como las ve el torero, con sus mismos condicionantes de miedo y de conservadurismo. La afición ha perdido en general su propia manera de ver y entender las suertes y su característica fundamental: el inconformismo. Concretando en un símil: si un aficionado moderno ve una corrida que no ha permitido que se parase  nadie - mucho menos templar y mandar - pero que ha sido blanda – contrario de dura, lo mismo que decir que los toros se han dolido  en el castigo - y por tanto no ha hecho buena pelea en varas; tan pronto como se le ocurre  y tengan por bien seguro que se le ocurre porque estos ejemplares no tienen más que ocurrencias, espetan: “ no me gusta porque ha sido mansa”. Entonces, uno que es aficionado desde antes del Vaticano Segundo: todo vale, todo cabe, todo esta bien, música en medio de la liturgia con guitarra y muy moderna, todo muy moderno reitero, todo sin gusto baste comparar el gregoriano con los acompañamientos parroquianos;  se pega unos berrinches taurómacos de mil pares  (perdón), en dos palabras: impre-sionantes. “¡Usted es tonto! Habla a bulto, no sabe por donde va, no sabe mear, se caga encima... cállese ¡caramba!” . Y toda esta retahíla de insultos e improperios pienso y me reafirmo que están correctamente aplicados a este “aficionado sabelotodo” que habla a bulto y desconoce que cada toro tiene su lidia y que lo bueno para el aficionado no tiene porque ser  idéntico a lo bueno del ganadero ni, mucho menos, a lo del matador .

 En otros tiempos los toreros que se metían a ganaderos se arruinaban y lo dejaban. Claro está que en esos años los aficionados querían ver en los toros problemas y en los toreros recursos. Aquellos toreros metidos a ganaderos lo que querían era fabricar un toro standard, como Ford iba a fabricar posteriormente sus coches T, o como Juan Pedro Domecq hoy “crea” toros: suaves, pequeños y pastueños; en definitiva,  fáciles de matar. Los toreros siempre han preferido los toros chicos, sencillos y claros y los aficionados los grandes, pegajosos, con ideas o picante; el termino medio es el gusto del ganadero que siempre ha buscado conformar a todos en un  interesante juego de equilibrio de fuerzas. Esto fue así  hasta  la Guerra de España, después de ella se produce un cambio fundamental, el aficionado diezmado durante los tres años de combate y por las necesidades de la posguerra se convierte en minoritario en los cosos y a más, está sometido a un régimen burgués que no le permitía manifestarse tan rotundamente como lo había hecho hasta entonces, con su Protesta, durante toda la Edad de Plata y de Oro. Por primera vez en la historia, el aficionado pierde el control sobre su  Fiesta, si bien y hasta entonces su poder llevaba menguando en favor de los intereses del torero y fundamentalmente de los de las grandes Figuras. No fue hasta la venida del Manoletismo cuando los ganaderos cambian y prefieren respetar los gustos del torero a los del aficionado y aquel equilibrio del que hablábamos anteriormente, se convierte en una sumisión paulatina hacia los propósitos del torero que van a dar con una “Fiesta” en la que prolifera el toro chico y justo de edad, el cunero, el afeitado, el  suave, el macro peto y el desastre de las caídas. Los aficionados  en  tiempo de Monolete  que habían defendido con uñas y dientes la Fiesta  antes de la Guerra Civil contra todo intrusismo del matador, están en clara minoría pero se mantienen firmes en una proporción muy alta, otros desaparecieron por las razones antes expuestas: el frente y la posguerra; pero con  la llegada de otra figura  “El cordobes” está proporción sería exigua, existiendo por vez primera en la historia un vacío generacional en la Fiesta Nacional, LOS AFICIONADOS SE FUERON. Sería esto último, ese vacío generacional que se repetirá una vez más con los que hoy tienen entorno a  60 años, junto con el constante deterioro de la Casta en el ganado quien terminaría reduciendo a la afición hasta una mínima expresión contestataria y anecdótica del conjunto de la plaza – lo que es hoy -  desorientada y con muy pocos conocimientos en la Tauromaquia Clásica. Desde entonces hasta hoy el problema se ha agravado con la entrada en escena del público de feria y de los nuevos medios de comunicación con sus fenicios, sobre todo en la radio y televisión. Lejos y entroncados en la historia quedaran los tiempos en los cuales los  aficionados sabían que ellos eran el Respetable y por tanto sus gustos eran los primeros que se debían respetar. Los tiempos en que La Fiesta Nacional era un circo, no con payasos e imitadores como actualmente, sino con gladiadores o mejor dicho, TOREROS. ¡Tiempos de libertad! ¡Tiempos para zanjar una Historia del Arte!. Las corridas de toros  sin el caballo apropiado, sin el Sr. ganadero y sin el respetable intolerante; perderán su carácter hegemónico en la vida social española  y cada vez será más difícil ver reunidos a quien sabe criar toros, al que los sabe lidiar y al que los sabe ver.

 Me gustaría exponer dos comprobaciones muy sencillas: a) cuando los toreros se asustan de los toros de una corrida y después se justifican por la radio o la televisión diciendo que: han sido muy malos;  se ha dado una corrida de toros. b) Cuando los toreros hablan bien de un ganadero, ¡uy, uy, uy!, ponte a temblar y reza por la  casta de la referida ganadería.

 Volviendo a  lo concreto y actual, a mi muy Noble ciudad Zaragoza con su Plaza de 1764 sólo bajo un prisma económico se entiende lo sucedido en este 2004. Los contables  suelen hablar de: economía, eficiencia y eficacia. 

 La mala gestión de las presidencias durante toda la feria viene a sumarse a la del resto del año, suma y sigue: aceptan toros rechazados por los veterinarios en % muy elevados, regalan la primera oreja con muy poca petición, no devuelven  bichejos claudicantes, aceptan lo impresentable... Todo ello me hace sospechar que necesitan un sueldo superior al que  podría pagar una empresa taurina tan importante como la nuestra para una labor más acorde con su gran responsabilidad. Este sueldo preciso de  financiar y única medida que propongo, debería ser a escote entre todos los aficionados y recogido por medio de huchas a modo de los muchachos de la Cruz Roja. Yo me ofrezco voluntario para ir con una hucha:

 -         Usted Sr. aficionado ¿querría darme, si es tan amable, algún céntimico suelto para que la corrida de mañana sea reconocida con lupa?.

-         No faltaría más, ¿para que la corrida de mañana se celebre integra? Estoy dispuesto a donar un 20% del valor de mi entrada. ¿Será suficiente?

-         Uffffff, ¿Eso no se sabrá hasta las 10:00? Puede que mañana, como la plaza está vendida y no hay billetes la otra oferta sea muy jugosa.

-         Entonces, ¿si pago y la corrida no se da integra?

-         No se preocupe usted. Queda de bote  para el  día siguiente.

-         No me gusta la fórmula. Pasado mañana no vengo a los toros.

-         Hágalo, entonces, por el resto de los mortificados que vendremos. Al igual que el Sr. Juncal  liberó de todas las deudas al barrio de  Triana, sin excepción.

-         Acepto. Tomo nota. Toma amable caballero. Quedo muy recompensado sintiéndome un poco Juncal y recordando a Paco Rabal.

 

Creo firmemente que tan sólo con dinero se pueden arreglar estas dos presidencias tan malas. Si los empresarios quieren poner un sueldo de x, nosotros debemos poner uno de x+1. ¿No os parece sencillo? Luego hablan los taurinos de  los aficionados y dicen que siempre estamos quejándonos sin aportar ideas. ¿Es esta una buena idea?

 Eficiencia:

Definición. Cumplir los objetivos previstos con los mínimos recursos posibles: tiempo, uso de maquinaria...

 Un Ejemplo: Un presidente policía quiere cambiar un novillo claudicante. No lo cambia. Después del lamentable espectáculo se disculpa por los corrillos de aficionados diciendo: que había anudado un pañuelo con otro, que al desanudarlos se hizo un pequeño lío, que se le cayo un pañuelo al suelo, que cuando lo cogió el novillo estaba puesto en pie, que al estar de pie no era, ya,  menester cambiarlo.

 ¿Dónde sucedió?. Adivina, adivinanza.

 Un Recuerdo:

Un aficionado zaragozano, allá por la andanada, estuvo todos los días de feria pidiendo la dimisión de los actuales  presidentes. No le faltaba razón y si supiese de la misa la media, hubiese gritado con mucha más saña.

 Economía:

Definición. Realizar una actividad al menor coste.

 Los que más entienden de economía, no obstante, son los empresarios. ¡Qué corridas tan justas de trapío! Cómodas  como  dicen ahora los entendidos en trapío. ¿Será para  pagar menos?.

Los carteles de toreros, una vergüenza. Sirva a modo de ejemplo el siguiente: Toros de San Martín - o sea, lo peor del mundo  - para Padilla, Serafín Marín y Antón Cortes. ¡Vaya amalgama! O de manera más castiza. ¡Menudo churro de cartel!. Ni pies, ni cabeza. Incongruente.

 Un recuerdo: Hay un cencerro que tocó en la andanada y que sonó muy pocas veces. El primer día le pregunté a quien lo llevaba:

 -         ¿Por qué no tocáis más?

-         Porque es algo muy serio y no quiere terminar con la protesta. Pretende ser un juicio definitivo a hechos consumados.

-         Pero ¿ese  novillo que se cayo de forma reiterada no era de cencerro?.

-         No existió consenso.

-         ¿Qué?

-         Si, estamos cinco y sólo se toca cuando existe unanimidad.

-         ¿A si?

-         Hemos tocado sólo a la empresa al terminar la novillada.

 Y créanme ustedes, me fijé el resto de los días y  tocaron a la empresa casi todos los días cuando los matadores se fueron. La pena es que para arreglar la Fiesta, ni la Campana de la Torre Nueva.

 Otro recuerdo:

 ¡Un churro! Eso es lo que nos han metido los dos hermanos Choperas todos los días de feria menos dos. Por cierto, iban muy bien acompañados algunos días por gente guapa de Bilbao. Quiero aprovechar para  saludar a los mandamás del Club Cocherito y  a la gente “guapa” de la Junta.

 Aquí estuvo el insigne registrador de la propiedad y moderador de las tertulias del hotel Ercilla justificando lo que en Bilbao no se atreve ni a pensar. Un saludo muy especial.

 Eficacia:

Definición. Cumplir un objetivo marcado.

 El Diputado de la Plaza, el  Sr. Compés, ha decidido renovar a los Chopera un año más. ¡Qué pena me da su decisión!. Creo que tanta comida, cena y capea le han convencido. ¡Una penica! Reitero.

 El diputado se debió proponer  un objetivo allá por septiembre: que sigan los chopera. Y les ha debido convencer, máxima eficacia.

 Conversación ficticia. Este dialogo que viene a continuación no es real, es puro capricho de la imaginación:

-         Oscar no te vayas.

-         ¡Qué si que me voy!. ¡Qué aquí no nos quieren y no ganamos más que migajas!.

-         ¡Ala! ¡por favor! No me hagas esto.

-         Vale me quedo. Pero no me pidas explicaciones de lo que hagamos.

-         ¿Te las he pedido alguna vez?

 Estimados amigos: Es el tiempo quien quita y da. La Plaza de la Misericordia, mi plaza, ha dejado de valer. ¡Qué desgraciaito soy!

 Dicen unas Alegrías de Cádiz:

 

Si quieren saber señores

lo que Zaragoza vale,

se lo pregunten a Francia

que los Franceses lo saben.

 

Que los Franceses lo saben

que los franceses lo saben

que Zaragoza  vale

la que más vale

 

Zaragoza valía  en los tiempos en que los baturros distinguían lo bueno de lo malo, y no se dejaban avasallar por nadie, y no había Cristo que los hiciese comulgar (perdón) ni cadenas que los ataran, ni yugo, ni bozal, ni brida... El respetable taurómaco maño ha sido uno de los públicos más exigentes que jamás han existido. Mantuvo el toro navarro-aragonés cuando en ninguna otra plaza de España ya se quería. Obligó a las figuras a lidiar con lo que  quería y modo de como  preferían. Fue ejemplo de intransigencia  y de protesta en la plaza y en la calle. Y por todo esto fue valorado, admirado y considerado como el respetable más duro y temible de cualquier plaza importante. Ejemplos de la bizarría maña en lo tocante a cuernos  fue, que comente nuestro taurómaco zaragozano Enrique Asín:

 

“Y en Zaragoza, plaza exigente donde las hubiese, calificada más aún de intransigente, donde el público se mostraba con una dureza rayana en la más aviesa crueldad, se produjo aquel año uno de los escándalos más sonoro que ha pasado en la historia. Por culpa del presidente Sr. Chacón – que provocaba incidentes graves cada vez que aparecía en el palco, y lo hacía bastante a menudo – y su actuación, se prendió fuego a las sillas, el público se tiró al ruedo intentando forzar el toril y apedreando la presidencia. Intervino la Guardia Civil desalojando y cerrando la plaza. Amotinada la gente en la calle, volvió sobre sus pasos y tomó de nuevo la plaza quemando puertas, gradas y todo cuanto fuera combustible. Se tiraron piedras a la Guardia Civil que cargó contra la turba; sonaron disparos... Un nutrido grupo de unos mil exaltados, calle de la Paja abajo, profiriendo gritos, insultos y sones de bronca se dirigió a casa de la señora viuda de Val – que era subempresaria de las novilladas- con piedras, palos y toda suerte de armas ofensivas y arrojadizas convincentes para la obtención de la justicia taurina”. De esto hace poco más de 100 años.

 

VICTORINO MARTÍN:

 

¡Qué cuatro corridas más interesantes  he visto este año de Victorino! Madrid Junio, Bilbao, Madrid Otoño y Zaragoza. ¡Qué toros más majos! grandes, largos, con su carita... unos tíos en muchos casos.

 

De todas las corridas de Victorino, en la que más miedo tuve fue  la de Bilbao:  3º 4º y  6º muy interesantes. ¡Qué toricos! Dos de ellos, si mal no recuerdo, por encima de los seiscientos. Ahora, los aficionados modernos, los que no saben de ná, dicen que no hay que fijarse en la romana porque la romana engaña, será una cosas de la globalidad.  La cultura del torero y la del ganadero fusionadas en una sola para el atraco total del espectador y el cabreo continuado de los entendidos.

 

Victorino fue a Bilbao como Dios manda. Con una corrida de Bilbao y no como otros años.

 

La de Zaragoza  fue muy  interesante. El quinto fue uno de esos toros  muy difíciles de ver ya porque piden la documentación al torero y al respetable. Fue un toro seleccionador de los dichosos que mostró, muy pronto,  quien de todos era torero y quien no; y, más aún,  quien es aficionado, entendido o tan sólo un vulgar espectador. Comparándolo con el 5º toro de Bilbao - uno  de esos que se llevan con justicia todos los premios de la feria -  este era más seco y más revoltoso. El zaragozano, escarbaba  – algunos ignorantes, aún después de ver dónde murió siguen pensando que lo hacía por manso –  y cumplía todas las características de  los toros de los dibujos animados: sacaba bao por la nariz,  estaba muy fijo, engallado y desafiante como aquel que dice “espera, no tengas prisa, que cuando vaya te vas a enterar de lo que vale un peine”. ¡Qué arrancada! Salía disparado, como los del Cavo Cañaveral. Sin duda, fue un gran toro bravo y revoltoso que apenas fue toreado.

 

Encabo con este mi toro de la feria estuvo muy pillo. Optó por una lidia conservadora y  no quiso arriesgar, no se lo  sacó más allá de la raya del tercio. No quiero decir que estuviese mal, no sería justo, estuvo muy conservador pero  lo mató.

 

En el tercio, quedándose el torero con las  tablas y el toro con su salida natural, le plantó cara. Tragó tandas de cuatro pases con la diestra, sin imprimir mando a la embestida, sin sujetar al toro en el centro de la suerte pero sin dejarse arroyar por el toro. Encabo no hizo como el Molinero con aquel Virtuoso, ni como Rincón con Bastonito. Encabo le plantó cara donde sabía y estaba mejor defendido.

 

El toro ya no era imposible como algunos podían pensar. Encabo había demostrado que tenía embestidas, que en cada tanda iba más pronto y que cada vez escarbaba menos, hasta que lo dejó de hacer. ¡Qué humillado  entraba! ¡Qué rápido recorría el centro de la suerte!¡Qué veloz cuando atacaba!

 

No obstante, Encabo, tapó a este interesante toro a los señores espectadores. Una vez que el toro se había olvidado de escarbar, en el tercio del tendido dos y dos pasos para fuera de las  rayas, Encabo le ofrece la izquierda y con ella no es capaz de conducir la embestida que por este pitón le arroya. Ese toro y en ese momento de la faena pedía una lidia ya escrita hace años:

 

"Hay distintas clases de bravura, en el toro de lidia. La básica consiste en la fiereza, el temperamento de ataque . Un poco de eso ha de tener siempre el toro, para que pueda llamarse bravo, pero esa cualidad puede resultar molesta, para el torero. Por eso, hoy muchos ganaderos la han suavizado, echando agua al vino de la bravura....

 

De los ocho o diez toros excepcionales que he visto en mi vida, casi ninguno como aquel Amargoso de Albayda, que yo mate unos años antes. Por su escepcionalidad en todo, ofrecía para el torero dificultades casi insanables.

 

Embestía desde muy largo, como un bólido. Frenaba cuando llegaba a mi. Seguía mis movimientos y corneaba con tal fiereza que fue reduciendo mi coraje hasta vencer mi animo. Cuando ya no me quedo otra cosa que hacer, opte por meterle la espada.

 

Murió sin que nadie supiera lo que el toro podía haber sido. Escribieron que era un marrajo, otros dijeron que quizás estaba toreado. Yo se lo que fue en realidad: un toro bravisimo, excepcionalmente bravo, pero con una bravura mala, que va a por el torero.

 

Para reducirlo , yo sabia muy bien lo que había que hacer. Simplemente no me atreví. Bastaba con haber aguantado su feroz embestida, al llegar al cuerpo, le hubiera adelantado la pierna, al mismo ritmo que la muleta, haciendo un cruce espeluznante para que el Toro, embalado en su velocidad, hubiera seguido el engaño de pierna y trapo hasta el último alcance de sus pliegues. Y luego repetir la suerte cuantas veces hubieran sido necesarias, de acuerdo a la velocidad y el poder del toro. Si así lo hubiera hecho, se me hubiera entregado, sin duda alguna. No lo hice y ese Toro excepcional cargó con un mochuelo que todavía me pesa en lo intimo de mi conciencia.

 

No he sido el único torero al que ha sucedido algo por el estilo, desde luego. Del tipo de Tapabocas y Amargoso fue Bravío, de Santa Coloma, que dio la impresión de inlidiable porque Saleri II no lo supo ver."

 

Obviamente este quinto de Zaragoza no fue ningún Amargoso, pero fue un gran toro. No obstante  Encabo demostró un grado de  madurez profesional muy considerable al que, a parte, nos ha acostumbrado esta temporada del 2004.

 

El segundo toro de la corrida de Victorino, que también le toco a Encabo, fue un buen toro para el torero, para cortarles las orejas. Encabo hizo lo que su arte le permite y sacó una tanda de naturales decente. Una pena que este toro tan bueno para el torero no le hubiese tocado al Cid. Un toreo, sin duda, con gran capacidad de pegar pases largos y bastante buenos a los toros que siguen bien el engaño, mal torero en lo demás y fundamental (hablaremos después de él)

 

El Fundi desmonterado se presentó después de x años de carrera en Zaragoza. Más que una presentación, parecía una despedida.

 

En su primero advirtió que no veía. Algo completamente absurdo aunque muy comentado. El toro se lesiona del antebrazo izquierdo en uno de los primeros capotazos que el  Fundi le da, concretamente en el primero o segundo cuando se quita al toro, por el pitón derecho. El toro ya de salida le anuncia que se mueve mal. A consecuencia de este capotazo que acusa, el toro opta por una aptitud defensiba y muy reservona.

 

Este toro, dirigiéndome a los grandísimos oftalmólogos que hay en nuestra plaza, era tan ciego que Encabo entra al quite y le da una verónica y dos medias. El toro se defiende y echa la cara arriba sobretodo en las medias. Le cuesta desplazarse. Llega el tercio de  banderillas y opta el toro como el matador de  pasar, no así los peones que pasan, pasan, pasan... muchísimas veces, resabiando más y más al animal, hasta setenta veces siete. Algunos dijeron que era burriciego.

 

El Fundi es muy mal torero y no supo que hacer con el torico que cada vez se le ponía más imposible. No le vió la muerte y nos dedica una lidia larga para un toro de lidia corta. ¡Qué mal estuvo!

 

Aún recuerdo lo de este año  en Ceret. Un espectador, amigo mío, para ayudar al Fundi a terminar pronto, le propuso que cambiara la suerte al toro a la hora de la verdad y éste, ni corto ni perezoso, respondió al bueno de mi amigo que no era buena su idea y que no se había fijado en...¿Qué paso? Que mi amigo que llevaba muchas cervezas en el cuerpo siguió bebiendo cervezas sin dar importancia a la estocada y el Fundi de milagro  salió de la suerte.

 

Sin duda, es muy malo. En Zaragoza no se aclaró  si matar al toro con la espada o con el descabello. ¿Esto último lo achacamos a la “ceguera” o a los arrestos?.

 

Por la mañana los veterinarios advirtieren en el ojo izquierdo una nube y le hicieron por esto al toro muchas pruebas. Su opinión a día de hoy  es que el toro veía perfectamente.

 

Angel Solis,  crítico del Heraldo de Aragón, comento que el toro era tuerto del ojo derecho. Angel Solís, muy loado en esta feria sin ton ni son, es un mal oftalmólogo – crítico que critica poco y ve los toros muy raro, casi sin ton ni son -  y debería preguntar a los veterinarios de vez en cuando.

 

El segundo toro del Fundi no fue  malo. Era un toro suave que sólo requería mando y saberlo llevar en la muleta, algo que nadie recuerda habérselo visto al Fundi. Muy mal.

 

Este Fundi al que he visto este año en: Madrid, Vic, Ceret, Bilbao y Zaragoza; vende la moto de ser buen lidiador, ¡vaya moto sin frenos!.

 

El Cid tuvo el toro más difícil de someter el que hizo 3º y otro marmolillo y comercial el 6º.

 

El 3º fue topón y nos sirvió para volver a comprobar los pocos recursos que tiene el Cid. Este torero que suele aprovechar muy bien en la muleta a los toros buenos, no obstante está dotado de una gracia natural para traérselos muy toreados y templar mucho en el remate, es un perfecto torpe para ver los problemas de los toros y la lidia adecuada. Intenta recetar a todos los toros lo mismo y eso suele fallar. No piensa,  sigue como con aquel Guitarrero de Hernández Pla, intentando matar a los toros bravos en suerte contraria. Es muy capaz de pegar buenos pases pero nada más.

 

En Madrid en la feria de S. Isidro me gusto bastante, estuvo por encima del toro. En Bilbao estuvo por debajo del toro sin verlo pronto, sin lucirlo ni en varas ni en la muerte; no obstante le dio  pases majos.

En Vic estuvo como su compañero Uceda leal muy mal.

En Zaragoza le vimos sin documentación.

  

¡GRACIAS VICTORINO!

 

Menudo grito el de un aficionado de la delantera de andanada del 8 pegando al nueve en las Ventas. Un venteño duro y muy  buen aficionado.

 

El día del Pilar se corrieron en la plaza de las Ventas una corrida muy interesante, con dos toros buenos: 2º y 3º para el aficionado. Dos animalicos que pronto aprendieron todas las torpezas de sus contrincantes: Ferrera y Napoleón Robleño. Los toritos tenían buena gana y se  comieron a los presuntos lidiadores. Dos toros bravos y revoltosos que murieron como mueren los toros de verdad.

 

Ferrera y Robleño, a estas alturas, ya deben saber que lidiaron rematadamente mal y cuando a un toro poderoso lo lidias mal, lejos de aminorar su ímpetu se lo transformas en algo más complejo y difícil  de lidiar. Desearía que de ahora en adelante:

 

1.     No corrieran tanto con el capote hacia los medios lidiando al revés, de culo, en todos los sentidos. El toreo no es “para fuera” sino “hacia delante” ”ganando terreno”. ( Cuanto antes  aprendan esta diferencia les irá mejor).

2.     La capa está para: el quite, correr los toros y  el lance. La capa no está para paseársela al toro  por la cara de pitón a pitón.

3.     La tarea del matador en la suerte de varas no es ordenar al picador que pare o le de más. Eso no es lidiar. Lidiar es hacer el quite o mandar que hagan el quite al toro.

4.     Como ninguno de los dos tiene ni repajolera idea de para qué existe la suerte de varas y por tanto ninguno  sabe cuando deben ir al quite ni como dejar al toro en suerte; este invierno a clases particulares.

 

Robleño, en el que creo, estuvo muy mal. En el 6º perdió los papeles, estando más pendiente de los tendidos que del toro. El toro tenía un problema en la muleta, le venía andando a distinto paso. Poco problema cuando se tienen recursos. Nefasta actuación.

 

De Ferrera no esperaba nada. Desde hace unos años en Colmenar Viejo no le he vuelto a ver nada. Su 2º toro, el quinto de la tarde, fue bueno. El toreo es de mano baja y de arriba a bajo, pero el interpreto justo lo contrario.

 

Encabo por el contrario estuvo muy bien. Planto cara a su primero que cantó la gallina en su muerte y  estuvo muy valiente con el topón 4º, el peor toro del encierro. Dio la cara en Madrid y Madrid por tanto le respeta. Muy bien dentro de su estilo.

 

Muy buena temporada la de Encabo. De las corridas que le he visto ha estado muy bien en Pamplona, excelente en Vic, bien Zaragoza y bien Madrid.

 

Un aficionado de la andanada de Zaragoza gritó: ¡Gracias Victorino!. Me sumo.

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Si un día de estos vuelvo a tener ganas de escribir de toros comentaré la corrida de Iban y otras de la feria. La de Iban estuvo al borde de caerse, hubo más toreros que toro. En resumen estuvo entretenidilla. Me gustó el 2º toro de la corrida que le tocó a Millán. Creo que la afición zaragozana se ha pasado con la actuación de Millán que no estuvo tan mal como dicen. Claro que en Zaragoza los aficionados hace años que dejaron de valorar al torero en función de las dificultades del toro. El francés, Castiella, estuvo muy bien y no sólo porque aguantase un pase por la espalda que desde mi punto de vista no tiene mucho mérito, aunque demostrase gran valor. Sino porque entendió a sus toros y planteo una faena inteligente. Es un torero clásico, hace dos años en Bilbao advertí su gran valor y predisposición hacia el torero de verdad. En Zaragoza me lo ha corroborado y creo que va a más. ¡Ojala!. En fin...

Olegario “El ole”

 

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