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Conferencia de Rosa Jiménez Cano.

Conferencia de Rosa Jiménez Cano en el Aula de Cultura de la plaza de toros de Las Ventas y dentro del ciclo de los XIII Aperitivos Taurinos organizados por el Club Taurino de Madrid.
Reproducimos también la presentación que corrió a cargo del maestro Alfonso Navalón.

Alfonso Navalón

Aficionados de Las Ventas:

      No quiero que os falte el apoyo hacia esa lucha que mantenéis por recuperar el prestigio
y la seriedad de una plaza que ha marcado siempre el rumbo de la temporada y el cartel de los toreros. Cada año me cuesta más trabajo acudir a Las Ventas por la que tanto luché y tantos logros conseguimos, cuando la llegada de El Cordobés marcó una decadencia que nadie ha sido capaz de detener. Se me quitan las ganas de volver cuando me parecía mentira que el público de Madrid concediera una oreja verbenera y pueblerina a Antonio Ferrera con el último toro de Victorino que se empeñaron en hacer pasar por bravo, cuando se negó a ir al caballo y se aquerenció en un burladero durante la suerte de banderillas.

Madrid se ha quedado huérfana de entendimiento y exigencia. Sólo un pequeño núcleo de aficionados mantienen una conducta de respeto al toro, al reglamento y a la pureza de las suertes. Frente a ellos está la gran masa clavelera y triunfalista que los acorrala y avasalla con su sentido fiestero y frívolo. Por si os faltaba algo la muerte de nuestro Joaquín Vidal ha dejado un vacío irreparable, frente al conformismo paniaguado de la mayoría de los cronistas. Sobre todo los responsables de los espacios televisivos que desorientan dando una versión equivocada de lo que pasa en el ruedo. Se nota claramente que están ahí para defender otros intereses ajenos al respeto que merece el público. En la desdichada feria de Otoño contemplé con estupor cómo se ha dedicado una placa al nefasto Vicente Zabala, fiel colaborador de Chopera para disgregar la andanada del 8, hacer salir los caballos de picar por la puerta del ocho para no dar tiempo a protestar los inválidos y azuzador de la masa clavelera contra los escasos sectores exigentes a quienes calificó de “terroristas”. El oficio de periodista taurino ha llegado a su máxima degradación porque casi nadie se atreve ya a enfrentarse con el monotoro descastado o con la serie de trucos que han suplantado la técnica del buen toreo. Ya no se protesta el abuso del pico de la muleta, torear con la pierna retrasada, ni vaciar los toros hacia fuera. Se confunde la suerte de banderillas con carrera de titiriteros, se emocionan con los pares al violín y otras frivolidades que inventó Llapisera y que ahora forman parte del repertorio habitual de los toreros.

      No se fijan en los enganchones. Dan por bueno el encimismo y se ha dejado de valorar la estocada, proclamando a Joselito como maestro de la suerte suprema cuando es notorio que mataba eficazmente pero a un tiempo y al capón.

      La labor de la mayoría de los críticos va pareja con este clima de corrupción, acomodándose casi todos en la sombra de los poderosos y sin dar la cara defendiendo al público. Lo que cuentan los periódicos o lo que escuchamos en la radio y en la televisión raras veces tiene algo que ver con lo que está viendo en la plaza el verdadero aficionado. Las nuevas generaciones de cronistas jóvenes siguen esa línea acomodaticia de los que han hecho de su oficio un negocio personal.

       Cada día se apuntan más al pesebre que a la ética de una profesión donde ante todo debe estar el deber de informar y orientar. Muchos jóvenes recién salidos de la Facultad de Ciencias de la Información, cambian su ética profesional por el rentable menester de publicitarios o portavoces de los intereses de las figuras o empresarios. Otros se colocan como serviles portavoces de lo que llaman ahora “gabinete de prensa” de los toreros, algo que jamás había existido.

      Por eso suena a milagro que una jovencísima Rosa Jiménez empezara a luchar casi en solitario contra todos los desmanes del toreo, llamando las cosas por su nombre y denunciando todo lo denunciable. No es de extrañar que desde sus comienzos gozara del apoyo y la fidelidad de los aficionados independientes y de los que están hartos de soportar el fraude cotidiano de un espectáculo que ha perdido casi todas sus esencias, empezando por la emoción y el riesgo. Rosa ha tenido muy claro que su sitio no estaba en el pesebre ni en el conformismo.

Me cabe el orgullo de haber apoyado su carrera desde que comprobé en Madrid la confianza que habían puesto en ella los buenos aficionados. Le di sitio en “Tribuna” y en muy pocos meses supo ganarse el respeto de los lectores ansiosos de verdad y la persecución de los taurinos profesionales. De los vividores del toro, que ni siquiera han respetado su condición de mujer para atacarla, amenazarla y perseguirla por todos los medios a su alcance. Mientras tanto la tirada de “Tribuna” en los quioscos de Madrid subía gracias al impulso de las crónicas de Rosa que sabía darle al lector una versión realista de lo que había sido la corrida. Desde mi situación provinciana he seguido con respeto y alegría la carrera valiente de esta chavala que tiene el coraje de ponerse por montera las presiones de los poderosos sin someterse a sus conveniencias. Rosa vive el toreo con pasión y con riesgo. Lo vive desde dentro. No han faltado grandes maestros de la crítica cuya norma era la de mantenerse al margen del mundillo taurino, sin rozarse con toreros, ganadero o empresarios. Así es muy difícil escribir con conocimientos y llegar a la entraña de la fiesta. Yo aprendí mucho en largas horas de tertulia con vaqueros y mayorales o perdiendo muchas madrugadas tomando copas con banderilleros, picadores y mozos de espadas. Algo que está muy por encima de la retórica y las reglas de los tratados de tauromaquia. Hay que tener el valor de meterse de lleno en el berenjenal del taurinismo. Primero, por lo que puedes aprender y sobre todo para estar informado antes que nadie de lo que se cuece en todos los estamentos. Rosa alterna con los toreros y los ganaderos pero no se deja seducir por el favoritismo ni la adoración que padecen muchos cronistas cuando viajan con los toreros o comen con los taurinos. Rosa toma nota y luego nos lo cuenta que es su obligación. Esta jovencita vive con pasión y entrega su oficio. Conoce todas las técnicas de la mecánica del periodismo moderno. Visita todas las noticias de Internet y su móvil recibe confidencias de más variadas fuentes. Está al día de todo lo que pasa en el toreo. Y además es capaz de irse por su cuenta al debut del hijo del Capea en Algeciras para ofrecernos datos reales que contrastaban con el tono adulador de los demás cronistas. Para el aficionado esta cronista es fiable y está fuera de cualquier sospecha de soborno.

       Otra cosa que le honra es negarse a colaborar con profesionales de dudosa moralidad. Cuando en “Tribuna” (en una de mis ausencias) contrataron a un cronista mariposón, torerista y adulador, nuestra compañera se negó a escribir y sólo dio una explicación: “soy demasiado joven para prostituirme escribiendo al lado de un corrupto”. Cuando el pasado septiembre la dirección de “Tribuna” decidió cambiar la línea del suplemento por otra más “contemporizadora” de adulación al poder, rompí con semejante servilismo y Rosa decidió dejar de escribir por solidaridad. Estamos por tanto ante un rarísimo ejemplar de periodista que ha elegido el camino recto de servir la verdad al lector y luchar contra los que denigran el espectáculo.

       Aquí cabe recordar aquello de un águila que divisó en lo alto de un picacho de las montañas a un caracol. Alarmada la reina de las cumbres le preguntó cómo había logrado llegar tan alto. Y el caracol le contestó: “¡Arrastrándome!”

       Está claro que Rosa Jiménez no ha llegado a la crítica para ser un caracol arrastrándose para trepar sobre sus propias babas. Un raro ejemplo de dignidad profesional y humana, muy poco frecuente en esta época de sumisos y engañadores. Desde mi lejano rincón de quijote escéptico os pido una ovación para ella.

 

Las supuestas figuras, sus toros y sus ferias
16-11-2003
Rosa Jiménez Cano

       Estimados amigos, familiares, admiradores o detractores, mi más cordial saludo. Los amigos del Club Taurino de Madrid me han hecho llegar esta invitación para departir con ustedes en este prestigioso ciclo de conferencias. El mayor culpable, una vez más ha sido José Luis de la Chica, su presidente al que estoy agradecida por meterme en este embrollo.
Mi intención con esta conferencia es dar una serie de pinceladas generales sobre el estado de la fiesta de toros en la actualidad y sentar unas bases para que posteriormente entre ustedes y yo hagamos lo que esté en nuestra mano para encontrar una salida que no sea la destrucción para esta fiesta que tanto amamos y que tan poco se parece a lo que tenemos en nuestra mente. La idea consiste en dar el esplendor y verdad que le falta sin necesidad de tener que quemar la tierra como rezan los anarquistas para poner nuevos cimientos en tan vetusta afición que sostenemos, sin más pilar que nuestro dinero, tiempo y desmedida afición.

Atrás quedan los preliminares, entremos directamente en el tema que nos atañe.
Todos los aficionados tenemos en mente los toreros que son figuras y al pensar en ellos, irremediablemente echamos la vista atrás, o los que somos más jóvenes recurrimos a mitos aprendidos en la infancia –como Antoñete- por no pensar en las que aprendimos en los libros. Quizá aquellas no difieran tanto como imaginamos de las actuales pero sus gestas si que tenían el sabor de la leyenda. Los toreros no hacían ascos a la competencia, inventada o no y así los aficionados se beneficiaron de la entrega sin reservas de unos toreros que no tenían que buscar en el diccionario la palabra pundonor, porque como a los soldados el valor, se les suponía.

       Por figura se entiende aquel que no sólo manda en la plaza y fuera de ella como quieren hacernos ver hoy las figuritas de papel, sino aquellos que se preocupan de conocer profundamente su profesión, que cobran gran dinero porque lo valen. Es difícil sin remontarse a un buen número de años encontrar un torero que practique la profesión con honradez, conocimiento, asiduidad y sobre todo, interpretación pura, sincera y personal de los dogmas del toreo.

       Lo de Joselito y Ponce en Olivenza con los Victorinos de juguete fue una broma para incrédulos. Igual que el pasado año el duelo Fandi-Ferrera que este año no ha dado más frutos que una animadversión fuera de la plaza y el consiguiente veto y separación. No torean juntos y, como venimos diciendo, es el aficionado el que se queda sin ver el duelo en la arena. Si alguien lo ha pasado mal este año ha sido El Juli con César Jiménez subiéndose a sus barbas. A nuestro modesto entender la última pareja de figuras (una más que otra claro está que mantuvieron un pulso en el redondel, independientemente de que también tuviera grandes intereses comerciales): fueron Ordóñez y Luis Miguel durante el “verano sangriento” que tanto hizo viajar a Hemingway y disfrutar a todos sus lectores, entre los que a buen seguro nos contamos un buen número de asistentes en la sala.

       Trataré de explicar la situación actual de manera breve al tiempo que clara y concisa para después pasar a entablar un coloquio. En la elección de los diestros a tratar a continuación ha primado más su renombre y situación o colocación en los carteles y ferias sin más méritos que su supuesto prestigio que las frías cifras que poco pueden decirnos a priori.

Los actuales:

       El Juli: En lo más alto y en soledad. Le pasa como a Luis Miguel, saber sin sabor. De ser un niño prodigio saleroso ha quedado en autómata, casi se le puede considerar un juguete roto al que pronto le quieren encontrar un sustituto.

      Encerronas: Madrid, mirar al 7 para cortar una oreja. Linares: Sólo tres cuartos. Zaragoza la única decente con toros sin entidad para una plaza de primera. Bilbao, tres tardes y se estrella.

      Esta temporada fue castigado sin Victorinos. Una vez más, sigue en vigor el refrán: más sabe el diablo por viejo que por diablo.

      Definición de su forma de entrar a matar: Sin dejarse ver, saliéndose de la recta y sin hacer la cruz. Ejecuta la suerte de matar con el brazo fuera, saliendo lejos, a la carrera y con espectacular salto que engaña al que no sabe por su espectacularidad y se sale de la suerte. Con algo de habilidad, durante el atlético salto, consigue dejar una estocada entre desprendida y levemente caída, de fulminante efecto que, a pesar de lo defectuoso de su colocación, al ser tan efectiva, no permite que se le puedan negar las orejas. Los aficionados serios hace tiempo que lo captaron, no así los feriantes regala orejas a los que poco importa la ortodoxia. Aplicable así mismo a César Jiménez y Matías Tejela, también a casi todos los productos prefabricados que últimamente salen de la Escuela de Tauromaquia de Madrid.

      Los que hablan del abandono que está haciendo de su físico tendrán o no razón pero es innegable que se hace las taleguillas un poco más largas de lo habitual con el fin de dar sensación de ser algo más estilizado de lo que actualmente es.

      Ponce: o el toreo con trampa. Elude Madrid. No entra en Sevilla. Repetición eterna de la misma faena. Unos trastos de gran tamaño. Muleta equivalente a manta zamorana. Capote: como la carpa del circo que ahora cubre el redondel de nuestro albero.

      Aparentemente con comportamiento ejemplar durante su mandato en los diez últimos años ha obrado a su antojo, no sólo en la elección de ganaderías sino también de los compañeros. Mala señal es que un empresario defina a este torero como buen chaval, eso es que no les aprieta las clavijas lo suficiente, algo que sí hace con cualquiera que trate de hacerle sombra. Su problema para no ser considerado figura en este ranking es su propio concepto de la tauromaquia. Una vez más se confunde la técnica y la trampa. Cada vez que cita, al llegar el toro con un toque de sutileza desvía la trayectoria del toro para descargar la suerte al tiempo que pierde cuatro o cinco pasitos (muy elegantes, eso sí). Que nosotros sepamos en cualquier tratado de tauromaquia se indica que la pérdida de pasos es una falta de mando. Si para estar siempre listo para el cite había que ganarle un paso al toro y quedar colocado con la muleta adelante, con Ponce este axioma pierde toda vigencia.

Al chico perfecto le crecen los enanos desde la entrada de su suegro en la administración de su carrera y quizá ya no todo sea tan bonito en su entorno como hace cuatro o cinco años. La falta de nadie que le haga sombra en su terreno le permite seguir tanto tiempo como desee en la posición de privilegio de la que actualmente goza.

      Joselito: (Quizá cometa un sacrilegio por mencionar a este torero en este foro, plaza en la que cuenta con gran cantidad de adeptos). Apatía, aburrimiento.
Idas y venidas. Gusto por enfrentarse con los aficionados y descararse. (Ya sabemos de quién lo ha aprendido El Juli)

       Finito de Córdoba: Ejemplo de torero que sigue en los puestos más altos debido a la antigüedad de alternativa. No pinta nada, casi nunca destaca, pero tampoco molesta a nadie. Se le utiliza, con el beneplácito de sus apoderados, para abrir carteles y llenar huecos. Máximo exponente del cambio de cromos entre empresas. Hace dos años fue líder del escalafón en festejos toreados sin que se le conozca más mérito que una excelente campaña de marketing en la prensa rosa.

      Ferrera: torero de atragantón y con bien ganada fama de mal compañero, no sólo él sino también su entorno. Atropella la razón casi todas las tardes con las banderillas y se auto estropea los toros con recortes sin motivo, sólo por el afán de alardear. Lleva dentro de sí cierta vena tragicómica que sabe utilizar en momentos puntuales como en la pasada feria de otoño con el último de Victorino. Horroroso el doble salto con que decora las banderillas, además de absurdo por encorvado y falto de sentido.

      Fandi: es frescura y entrega. Muy honrado pero tosco y sin sensibilidad para llegar a emitir un discurso con cierta emotividad. Cuando le sale el toro para hacer filigranas, no se entera de la historia. Baste con citar el ejemplo del Baltasar Ibán de ensueño que le tocó en desgracia durante la pasada feria de El Pilar. Las fotografías delatan lo lejos que se pasa los toros durante la faena de muleta.

      Manzanares: Se saltó el paso necesario para todos los que no son hijos de figura, las novilladas sin caballos. Debe ser que la sapiencia taurina se hereda y no hace falta ir por esas plazas de Dios con novilleros que de verdad tienen hambre de triunfo, caso análogo al hijo de Capea, pero no que no va a salir más en esta conferencia porque no hacemos publicidad gratuita. Presentarse en Madrid con una novillada gordota y descastada de Los Bayones.

      A pesar de su elegancia tiene lagunas en cuanto al conocimiento del toro, de hecho, en América –con un ganado de menos tamaño y casta- las cosas empiezan a estar en su sitio al dejarse un toro vivo. Este hecho es desconocido por muchos porque ya se han encargado sus voceros particulares de silenciarlo.

      César Jiménez: El primer sorprendido al ver que se le menciona en esta plaza sería él mismo al ver que se le incluye sin haber pisado el ruedo venteño desde su etapa de novillero. Coleccionista de apoderados.

      Un torero de gran frialdad en la cabeza. Debe ser un entusiasta del vídeo porque lleva todo aprendido desde los andares hasta las faenas. Es capaz de renunciar al concepto de lidia a cambio de una dosis de espectacularidad, recuerden en su único paso por Madrid como recibió el sexto novillo por chicuelinas en los medios o cómo, con tal de cortar las orejas, cita con gran frecuencia en los medios de rodillas.

      Tiene una gran confianza en sí mismo, aunque lleva prácticamente la faena del hotel. Ha adaptado su toreo a una mezcla de la ambición, frescura y conocimientos del Juli, junto con la elegancia coreográfica de Enrique Ponce. Casi casi se puede afirmar que hemos creado un monstruo (en el peor sentido de la palabra).

      Interesa por su ambición de triunfo, aunque es necesario tener cuidado con quién le conseja, de un tiempo a esta parte comienza a ser roñoso a la hora de dar información, hacer declaraciones o decidir la reaparición después de una cornada.

      Tuvo la osadía de presentarse en Madrid con una novillada en solitario a las que cortó dos orejas de última hora. Este año ha cometido la mayor incongruencia que se pueda comprender: no viene a San Isidro por no sentirse preparado y, sin embargo, no falla a ninguna de las otras grandes ferias, sumando contratos como el que más.

      José Tomás, incipiente ganadero con reses de Núñez del Cuvillo, no merece excesivo comentario por encontrarse en paradero desconocido. Para hablar del diestro serrano tendríamos que recurrir a Paco Lobatón o la bruja Lola, Rappel o cualquier otro periodista taurino que no hace más que lanzar rumores sobre su ida o venida del toreo.

      Juzguen ustedes si algunos de los mencionados merecen o no el calificativo de figura de la tauromaquia. Me temo que, como dijo de Espartaco, nuestro añorado Joaquín Vidal, “Manda el cabo”.

Los ganaderos: o el milagro de los panes y los peces.

       No puede haber tanto bueno como para dar tantas corridas de toros, pero sí una economía sumergida y un falso prestigio similar al reflejado en “La Escopeta Nacional”. No es normal que cada vez surjan más ganaderías. Que cualquier nuevo rico a los seis años de comprar unas vacas al jerezano de moda esté en lo más alto y cinco años después esta nueva ganadería ya sea madre de otras tantas de nueva creación. Comprar camadas completas por toreros o empresarios y ya verás dónde o cómo se colocan. No embisten con los riñones que son las verdaderas embestidas con codicia. Tampoco suelen galopar, sino que llevan un trote de marrano en la dehesa, con las carnes colgando y ayudando la embestida con el cuello, haciendo esfuerzos para mantener el equilibrio sin terminar con sus huesos en la arena. Espectáculo bochornoso que nos avergüenza y aburre soberanamente a los aficionados. Esta situación se agrava si es necesaria la salida de los peones para hacer el servicio de grúa para que maestro pueda seguir el curso de la coreografía habitual.

       El descastamiento y los toros derrengados son la nota habitual de todas las tarde, no sólo en provincias, sino también en la primera plaza del mundo. Sucedáneos.

       La última estrategia, además de vender todo lo que tenga cuernos y se parezca, aunque sea remotamente a un toro de lidia, consiste en crear un segundo hierro B, para que hereden los hijos y todos puedan repartir la herencia. No importa la calidad, sino la cantidad. Muchas ganaderías pertenecen a la figura del apodera-empresario. No nos extraña que las colas del INEM sigan siendo largas, es que los taurinos no hacen más que dedicarse el pluriempleo. Hasta los toreros en cuanto juntan cuatro perras, las gastan en hacerse ganaderos intentado colocar su producto, olvidando que como han sido toreros difícilmente sean capaces de seleccionar lo que el aficionado requiere y no la figurita de turno. Se olvidan, una vez más, del que paga. Sólo en este espectáculo no se trata de dar goce al que pasa por taquilla, sino sufrimiento. Estamos ante una fiesta hecha por ellos y para ellos.

 Entre las ganaderías que no recomendamos ir a ver se encuentran las siguientes: Alcurrucén y las que se lían en Las Ventas. Año tras año aumentan el número de astados lidiados y tienen un segundo hierro.

       Juan Pedro Domecq, la plaga. Para más INRI sus hijos también tienen un hierro. Es la semilla de todas las ganaderías creadas al amparo de los que ganan dinero en la construcción o negocios al margen de la fiesta. Zalduendo, el propietario es hermano del citado anteriormente, este año lidió una novillada en Illumbe como corrida de toros.

       Esta familia y sus admiradores han sido listos y aunque les embiste mejor en plazas de segunda, los matadores se lo matan en plazas de primera. Al quedarse paradotes se quedan con cierta presencia y nulos de emoción de modo que propician la pantomima grotesca para que los “profesionales” del asunto pueda decir: “Se ha pegado un arrimón”. Para reconocer este tipo de faenas, basta con mirar la lengua del toro. Si está fuera y es escaso el resuello, el toro está sin defensa, no hace falta dominarlo. Su escasez de casta le tiene dominado casi de nacimiento.
Victoriano del Río, ganadero de la serranía de Madrid, esta temporada recién terminada ha hecho grandes méritos para no volver a lidiar en muchos sitios durante una buena temporada. Sobre todo en Castellón y Madrid.

      Paso a hablar ahora del peligro del otro monoencaste, el de Salamanca, con unos atanasios sacados de tipo y pezuñones. Toros abantos de salida que terminan entregándose en la muleta si el torero tiene la suficiente paciencia como para dar cinco vueltas al redondel en su persecución. Los que atesoran una dosis mayor de mansedumbre y milagrosamente se les ha ido la mano con la casta pueden conseguir faenas de cierta emoción, pero siempre, siempre, siempre con un torero muy dispuesto. Sirva como ejemplo la faena el pasado San Isidro de El Califa al número 23 ¡anda, como Beckham!-de Dolores Aguirre.

      No se nos olvida comentar el curioso caso de los empresarios de más renombre en el mundo del toro. Martínez Elizondo, o los Chopera, otros que como apenas tienen trabajo, con tanto tiempo libre sin apenas plazas que gestionar o toreros a los que apoderar también tienen ganadería. La familia siempre ha tenido en mente el tipo de toro que quiere (grande, ando o no ande). No así el encaste. En cada momentos se han ido adaptando a la moda, haciendo todo un alarde de personalidad y fidelidad a un encaste. De Santa Coloma, pasaron a Atanasio. Esta última rama está en vías de extinción en la actualidad a favor de lo que procede de Domecq y eso que sirve
Hasta Victorino ha sucumbido a la tentación de tener un hierro más con el que en 2002 mandó una desastrosa corrida a Cenicientos (hoy día ni la sombra de lo que fue).

      Quedan dos ganaderías que podrían suponer regeneración:

      Fuente Ymbro, la esperanza.
      La Quinta, otra más, pero minoritario y con dificultad para lidiar toros por las exigencias de los veterinarios o las plazas que no atienden a ningún tipo de raseros según las hechuras propias de cada encaste.

Las ferias:

       Año tras años están los mismos en los carteles. No importa lo que haya ocurrido en ocasiones anteriores, sino el nombre que tengan. A los mencionados en el apartado dedicado a las figuras se añade los que fichan por una casa grande de manera eventual, a modo de prueba: se benefician del cambio de cromos y con un poco de suerte son capaces de dar dos vueltas a España sin demasiado que decir.

      Castellón: Escándalo de Victoriano del Río ya comentado al hablar de El Juli. Toros de escasa entidad.

      Valencia: Un ganadero de familia es bodeguera tiene participación en la empresa así es que aunque los empresarios que salen en los papeles no fueran taurinos han ido seleccionando lo mejor de cada casa. Tanto es así que hasta se han hecho con un hierro, varios toreros.

      Sevilla: La culpa es de lo corrales, dicen, pero llevan así desde la creación de la plaza y esta excusa sólo lleva vigente los últimos veinte años. Sólo van los suyos y los amigos de los maestrantes.

Salamanca: caso parecido a Sevilla pero negándolo. Se miran el ombligo y el provincianismo está a la orden del día.

      Y así casi todas, salvo Madrid, aunque cada día es menos la sombra de lo que fue. Por más que le echen la culpa a la administración, a la crítica, a la empresa y al resto de estamentos, quien tiene mayor culpa es el público de alubión que llena la plaza sin conocimiento alguno, sin ánimo de exigir o aprender, sino de contarlo al día siguiente en la oficina. Si no hay exigencia el listón cae hasta los límites que hoy se viven.

      A modo de conclusión: Parece mentira como cambia el tiempo “Antes y después del Guerra. Medio siglo de toreo”, obra que recomiendo encarecidamente a todo el que no lo haya leído. Autor: pseudónimo F.Bleu (Félix Borrel Vidal). Abuelo de los recientemente fallecidos Ignacio y Gabriel Aguirre (aunque con ideas de la fiesta bastante diferentes), y bisabuelo de la recientemente electa presidenta de la Asamblea (para que vean ustedes cómo cambian los tiempos) “Lagartijo y Frascuelo vivían para torear, desde entonces, torean para vivir”.

      Muchísimas gracias a todos por su paciencia y afición. Sin más, la palabra es suya.

 

 ROSA JIMÉNEZ CANO

Conferencia publicada en www.elchofre.com

OTRAS FIRMAS
-Ángel Solís. 

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